domingo, 28 de noviembre de 2010

No pienses. Actúa.

Hace mucho que no te paras a pensar. Lo sabes. Porque tienes miedo. Miedo de que vuelvas a caer en tu mismo error de siempre. Resulta mucho más fácil no pensar, sólo dejarse llevar por la situación. Que si te dicen algo, contestes lo que se espera de ti; que si te insinuan algo, respondas a esa insinuación de la misma manera. Porque sí. Porque lo que antes te suponía un problema, lo que suponía que bajaras la cabeza y te avergonzaras, esos escrúpulos que te habían inculcado ahora han dejado de estar ahí. No es que los hayas perdido. Es simplemente que ya no están. Y todo por pararte a pensar.

Por eso ahora respiras otro aire. Las cosas no tienen el sentido que tenían antes. Y te gusta. Y lo disfrutas. No quiere decir que por ello seas más feliz, pero no importa. Has llegado a la conclusión de que la felicidad no existe, así que vas a dejar de buscarla. Has decidido dejarte llevar. Disfruta de ello mientras puedas, porque nadie te ha prometido que, lo que antes te limitaba no vaya a volver. Pero prefieres vivir sin pensar en ello. No pienses. Sólo actúa

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