miércoles, 14 de abril de 2010
Canicas.
Dónde quedan los días en los que era tan fácil ser feliz, en los que con un simple "¡tú la llevas!" teníamos con qué entretenernos para un buen rato... Esos días en los que un "le tengo, no le tengo" era todo lo que nos preocupaba, en los que cuando nos gustaba alguien se arreglaba con un "oye, queee... me gustas". Esos días en los que una sonrisa era todo lo que mostraba nuestra cara, porque éramos tan felices que encontrarnos una canica en el suelo era motivo de estar dando saltos toda la mañana, y porque no teníamos consciencia de lo complicada resultaba la vida de los mayores. Quisiera saber dónde queda todo eso, y dónde puedo encontrarlo de nuevo. Necesito volver a ser así de feliz. Regálame una canica, porque quiero tener algo importante de lo que realmente tener que preocuparme.
miércoles, 7 de abril de 2010
El decir adiós
Que poco nos gustan las despedidas. Y que amargas son las lágrimas que se te caen cuando sabes que es un adiós para siempre. Es un día gris, tanto en la ciudad como dentro de mí. Te he dicho adiós, a ti y a todo lo que me recuerda que te quise, y por ello me están haciendo preguntas, y me piden que vuelva con la gente que tan extraña a ellos me hace sentir. No sé hasta cuando va a ser esto, ni si es para siempre, pero mientras tanto me limitaré a olvidarte, que es lo mejor que puedo hacer. Porque nadie merece que me sienta así, ni siquiera tú.
domingo, 4 de abril de 2010
...
Él no es consciente de los cambios que se producen en ella cada vez que aparece cuando ella no lo espera. No se da cuenta de que sube el color a sus mejillas, que sonríe de forma distinta, que sus ojos se iluminan como si tuvieran luz propia. Y sin embargo, ella lo sufre. Sufre su indeferencia, su poca sensibilidad, le duele cada comentario que hace en tono borde, cada vez que le llama para preguntarle algo o simplemente para hablar con ella y le cuelga a los dos minutos con alguna excusa, sin que le de tiempo a despedirse. Ella le quiere, él no se da cuenta. Y ahora que es cuando más necesita que la quieran, lo aguanta con una sonrisa. Aunque lo pase mal. Y se siente mal consigo misma por ser tan egoísta de ponerse a llorar cuando se entera de que su mejor amiga está saliendo con el chico que le gustaba. Es tan simple que no puede dejar de preguntarse "¿por qué ella sí, y yo no?". Y es entonces cuando se da asco a sí misma. No se puede ser así de egoísta.
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