domingo, 4 de abril de 2010

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Él no es consciente de los cambios que se producen en ella cada vez que aparece cuando ella no lo espera. No se da cuenta de que sube el color a sus mejillas, que sonríe de forma distinta, que sus ojos se iluminan como si tuvieran luz propia. Y sin embargo, ella lo sufre. Sufre su indeferencia, su poca sensibilidad, le duele cada comentario que hace en tono borde, cada vez que le llama para preguntarle algo o simplemente para hablar con ella y le cuelga a los dos minutos con alguna excusa, sin que le de tiempo a despedirse. Ella le quiere, él no se da cuenta. Y ahora que es cuando más necesita que la quieran, lo aguanta con una sonrisa. Aunque lo pase mal. Y se siente mal consigo misma por ser tan egoísta de ponerse a llorar cuando se entera de que su mejor amiga está saliendo con el chico que le gustaba. Es tan simple que no puede dejar de preguntarse "¿por qué ella sí, y yo no?". Y es entonces cuando se da asco a sí misma. No se puede ser así de egoísta.

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