domingo, 31 de enero de 2010
Las calles
Ella corre, camina, anda, vuela sobre las calles que conoce desde su niñez; disfruta cada paso, el golpeteo continuado que producen sus tacones, cada olor que esa ciudad desprende y que tan bien conoce desde niña. Ríe, llora, desespera, entristece, disfruta, respira... en definitiva, vive en cada centímetro de calle que va dejando atrás. Deja que sus pasos la guíen a lugares en los que nunca ha estado antes, saborea cada segundo que pasa caminando por entre los callejones que la dirigen, aunque nunca sabe con acierto a dónde le llevan... Tal vez hacia un antiguo palacio, una oscura y diminuta tienda, un mercado, una casa en ruinas... Entonces se detiene y paladea cada detalle, cada olor y cada sonido, y se aleja de allí, dejando tras de sí el repiqueteo de los tacones y el suave aroma de su perfume, que se desvanecen sin dejar constancia de su presencia, y tal como sucede con ella, desaparece, se esfuma, y es como si nunca hubiera estado allí.
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