sábado, 4 de septiembre de 2010

Aire.

Paseas por las calles de esa ciudad, y te detienes a pensar. Ves a la gente pasando a tu alrededor, tan ocupada en pensar en sí mismas que no son capaces de apreciar la belleza que les rodea. Y es que en las ciudades, aunque cueste encontrarla, también se esconde esa sensación de felicidad completa, de tranquilidad. El problema es que si caminas deprisa no la encuentras. Así que echas a andar otra vez, pero de manera diferente. Esta vez no tienes prisa por llegar a tu destino, esta vez te pararás en cada momento en el que veas algo que te llene, en cada soplo de brisa que te revuelva el pelo, que te haga sentir que estás VIVO. No tienes más preocupaciones que encontrar ese trocito de ti que se perdió en alguno de tus paseos en los que tan deprisa ibas para alcanzar tu meta. Y es que por fin has comprendido que lo que importa no es vivirlo todo, sino vivir cada momento como si fuera el último, el único.

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